viernes, febrero 09, 2007

Kismet, Hardy.

Podemos decir que no se puede ganar un partido concediendo 2 y 3 tiros en cada ataque (14 rebotes ofensivos en total, para una diferencia global de 12; cosas que pasan, como venimos diciendo desde hace tiempo por aquí, cuando todos tus hombres altos no lo son tanto, al menos en comparación con los de los equipos en teoría destinados a estar arriba); podemos afirmar que, huérfanos de Brown y Garbajosa -no necesariamente por ese orden-, no sabemos muy bien qué hacer con la pelota; podemos recordar todas las veces que el señor Navarro nos ha matado (muy curioso que tantos y tantos de mis paisanos se empeñen en acusarle de no dar la cara en momentos complicados; ya me gustaría ficharle: además de contratar a un jugador soberbio, lo que nos íbamos a reír haciendo arqueología); pero no estaríamos dando con la clave, con las auténticas y verdaderas razones con las que explicar la nueva derrota en un envite decisivo frente a las hordas barcelonistas.

Destino. He aquí la verdadera razón. Nunca seremos capaces de sacarnos la espinita que, con ayuda de Don Miguelo, se clavó por primera vez en nuestra epidermis hace ya casi doce años, y que, una vez tras otra, se ha ido multiplicando hasta la saciedad. Sí, vale, hemos cosechado grandes victorias frente a la culerada en momentos relativamente intrascendentes (que contribuían a elevar la confianza en nuestras posibilidades; ya se sabe: más dura será la caída), pero, cuando de jugarse las habichuelas se ha tratado, las decepciones se han venido sucediendo con matemática asiduidad. Llevamos más de una década apelando a las leyes de probabilidad para fundamentar nuestra esperanza de que tarde o temprano llegaría el día en el que nos tomásemos cumplida revancha. Pero enfrentarse al Barça con algo serio en juego se ha convertido en algo más frustrante que jugar al Trivial con Valdis; año tras año se han venido sucediendo "oportunidades inmejorables" para ello: en esta ocasión, la condición de local y el enfrentarnos al peor Barça en años; la temporada pasada, en el Top 16, el mejor Unicaja de la Historia. Y eso por citar sólo los casos más recientes. Pero ni por ésas. Al menos esta vez no ha tenido lugar una de las legendarias remontadas culés, rayanas en los surrealista, a las que siempre hace referencia Jinete1; porque, niños y niñas, no debemos olvidar que nos hemos especializado en cosechar derrotas particularmente dolorosas cuando era éste el rival que teníamos enfrente.

Pero, como dicen en Argentina, la esperanza es lo último que perdimos. No va a suceder. El destino así lo desea. Cosas del determinismo.

El amigo DeVerde llegó a sostener que un día u otro aquéllo habría de suceder, puesto que Dios no podía odiarnos tanto. Parece que, contra los teóricos del libre albedrío, tal odio existe, y se hace patente en cada enfrentamiento vital frente a los azulgrana. Supongo que no es más que el castigo divino a quienes, como ya se encargó de denunciar Bouba (a quien no puedo dejar de dar mi más cordial enhorabuena; no puedo, no obstante, transmitirle deseos de buena suerte con vistas al resto de la competición), no dejamos de constituir la viva encarnación del mal en el mundo del deporte.

------------------------ACTUALIZACIÓN------------------------

El desastre se ha consumado: el Barça se ha proclamado campeón de la Copa del Rey. Y, lo que es peor, lo ha hecho en buena lid. Excepto el partido de semifinales, al que no pude acudir, los otros dos fueron clara y justamente vencidos por el cuadro azulgrana, con decepcionante actuación de sus rivales incluida. Del Unicaja, teniendo en cuenta su escasa fiabilidad este año, cabía esperárselo; del Madrid, pese a lo que pueda decir Felipe Reyes a modo de justificación, no tanto (terminar una primera parte con 15 puntos no hay cansancio que lo justifique).

Para mayor gloria culé y desazón general, las tres eliminatorias que los azulgrana han tenido que superar han tenido como participantes a equipos con el que el Barcelona mantiene rivalidades más o menos añejas. Probablemente sean los tres equipos a los que los aficionados barcelonistas más disfruten derrotando.

En fin, que dos Copas del Rey (sólo una en Málaga hasta este año, contra la idea que suele tener la gente), dos levantamientos de trofeo del Barcelona: ¿podría existir más cruel castigo?

4 Comments:

Blogger Bouba said...

Efectivamente, es una ley superior, algo metafísico, una leve tecla tocada por Dios para transmitirnos esperanza, ya que, aunque sólo sea en este pequeño deporte de grandes hombres, nos queda la simple simbología moral de que el Bien derrota al Mal cada vez que hay un partido o serie a vida o muerte.

Aunque lo de ayer tampoco es que tuviera mucha chicha. Desde el primer cuarto ya se veía que el Unicaja las veía cuadradas y, como has reseñado, el Barça se hartó de rebotes ofensivos pese a que normalmente no pilla ninguno. Diría que desde la Copa de la temporada del Triplete, con Gurovic llorando al final de los trencillas, no hay un Barça-Unicaja como DIos manda, o sea, con polémica arbitral, entre equipos, aficiones, etcétera.

slds

11:39 p. m.  
Blogger Luis said...

Pues, como ya he reseñado en la actualización, al final os habéis llevado la Copa. Parece mentira que este Barça se haya llevado el título, teniendo en cuenta cómo venía. Era curioso ver a toda la afición culé coreando el nombre de un entrenador que viene siendo cuestionado, criticado o, en algunos casos incluso vilipendiado sin tregua desde hace meses, tanto en foros de debate (incluyendo este mismo blog, por parte del amigo Bouba) como en el propio Palau en el que, según me han dicho, aparecieron pancartas o panfletos pidiendo su marcha inmediata. El aficionado al deporte es asín, supongo.

Por otra parte, como apunta Bouba en su comentario, resulta especialmente sangrante la inoperancia del Unicaja en el rebote. No sólo por la circunstancia a la que alude, sino que, para colmo, ni siquiera contaba nuestro rival con todos sus efectivos (sin Kasun y con Fran "The Man" lesionado en el propio partido). Pero nosotros seguimos empeñados en renunciar a la posibilidad de que a los interiores les podamos añadir a un alero que coja 8 ó 10 rebotes con asiduidad.

Se echa de menos, en efecto, el factor polémica en los enfrentamientos entre malagueños y catalanes. Éste parece haberse trasladado a otros equipos como Joventut, Etosa o incluso Tau. Pero no es lo mismo, dónde va a parar.

1:34 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

¿Apostaste dinero?. Sería el remate del castigo...;)
Miada
Un beso.

7:08 p. m.  
Blogger Bouba said...

Jej. Es que ganarle primero al Unicaja, luego al Joventú y finalmente al Madrí no tiene precio. Y la bilis que habrá dejado por el camino tampoco.

No es que se traslade, es culpa de vustra malignidad. Pitar a Azofra el día de su retirada, la hostilidad, groseras y amenazantes pancartas contra Aíto y el Joventut, y el pique con el TAU en la final dejaron una ristra de merecidos odios hacia Unicaja. Y lo del Etosa, supongo que alimentado por el rencor poscajarondista a Nashete y un mal comportamiento con Trifón, es lo mismo pero de una ocasión anterior.

slds

1:24 a. m.  

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